Lunes, 11 Enero 2021 06:32

Volver a trabajar estando en duelo

Hace ya casi un año que murió Daibel. No me lo puedo creer. La vida sigue… ¡Y qué vida! Desde que se fue, el mundo se puso del revés. Yo he tenido que adaptarme a vivir sin su presencia y a salir a un mundo que no es como el de antes. Desde luego, aún estoy en el camino. No he llegado a ninguna parte. Tampoco tengo claro si hay un sitio al que llegar.

¡Basta de divagaciones! De lo que vengo a hablar hoy es de cómo he empezado a trabajar estando en una situación de duelo. No es un tema pequeño. Y no voy a presentarlo en forma de consejos porque “a mí me ha funcionado esto”. A mí no me ha funcionado nada. Yo me he visto en la necesidad de trabajar porque tenía que entrar dinero en casa. La inercia me ha llevado a donde estoy ahora.

Perdí a mi hijo y mi trabajo

Quiero explicar que, que mi hijo muriera, supuso que también me quedara sin trabajo. Vaya 2x1. No había otra opción. Jeni, mi jefa, trató de buscar otras soluciones y de convencerme de esto o de aquello, pero no había escapatoria. Por aquel entonces, yo tenía la jornada muy reducida, de tan solo 4 horas a la semana. Recibía una prestación por cuidado de hijo con enfermedad grave. Al morir Daibel, perdía la prestación y la empresa debía recuperarme con las 25 horas de mi contrato. Hacía muy poco tiempo que Monetes había pasado a ser solo tienda online con algunos servicios presenciales de porteo e instalación de sillas. De estos servicios era de los que yo me encargaba en mis pocas horas de trabajo a la semana.

Obviamente, tras la muerte de Daibel, yo no podía atender nada de eso. Bueno, en realidad, no es tan obvio. Hay personas que tras una pérdida así vuelven a sus trabajos porque así lo eligen o porque no les queda otro remedio. El caso es que, ni yo estaba para trabajar ni la empresa podía recuperarme en ese momento a mis 25 horas. La mejor opción para ambas era el despido, tremendamente doloroso para Jeni y para mí.

No se me olvidará nunca el día que fui al paro. Era el primer día que salía de casa yo sola desde que Daibel ya no estaba. Fue rarísimo. Tenía una sensación de aplastante dolor y sentía como demasiados estímulos a mi alrededor. También me parecía que lo hacía todo a cámara lenta. La funcionaria, al ver los papeles, entendió lo que había pasado y me dio el pésame. Yo solo quería salir de allí y volver a mi casa.

 

4 ofertas de empleo en plena pandemia

A las pocas semanas, Monetes y Nordic Baby se fusionaron, permitiéndole a Jeni seguir dedicándose a un sector que le apasiona, pero con menos presión, tal y como ella explicó en su momento. Surgió Nordic Baby by Monetes, con tienda inicialmente en Las Rozas, y que ahora ya tiene otros puntos de atención al público en Rivas y Pinto.

En seguida empezó la pandemia y el confinamiento estricto. Ya he explicado varias veces que a mí me vino muy bien este recogimiento para hacer un enorme trabajo introspectivo y tratar de ubicarme en el mundo.

Desde marzo, recién iniciado el confinamiento, y hasta octubre, recibí nada menos que 4 ofertas de trabajo. Yo no daba crédito. En plena pandemia y crisis económica, ¿en serio? Las primeras yo no podía aceptarlas. Era muy pronto todavía y las condiciones que me ofrecían no encajaban en absoluto con mi situación de duelo. Haberme puesto a trabajar entonces, muy probablemente, habría supuesto una devastación de mi frágil equilibrio emocional.

 

Trabajar en el sector de la maternidad

En este tiempo yo me preguntaba a menudo qué hacer, desde una perspectiva muy filosófica: ¿Qué hacer con mi vida? Y es que había un tema que plantearse: ¿Podría yo volver a trabajar en el sector de la maternidad? En las primeras semanas no tenía una respuesta. A la vez, varias personas me invitaban a volver al trabajo que yo tenía anter de que Daibel naciera. ¡JA! Eso sí que no entraba en mis planes. Yo trabajaba en la universidad como docente e investigadora. Recuerdo aquello como un lugar de lo más hostil, donde la ambición y el politiqueo se llevaban más energía que la atención al alumnado. ¡Asqueroso! Voy a dejar en vuestras mentes imaginar en qué universidad trabajaba. Y desde luego, mi salida en 2012, por los recortes de la crisis económica, fue cualquier cosa menos amable. No era una opción para mí volver por ese camino.

A las semanas de morir Daibel, supe que sí quería, al menos, intentar volver a trabajar en el sector de la maternidad. Aún no era el momento, pero sabía que quería darme la oportunidad. A finales de agosto, me sentía con la energía suficiente y moví ficha. Les propuse a las chicas de Materna Yoga hacer talleres de porteo y danza del vientre para embarazadas. Les interesó la propuesta y salió adelante. ¡Había familias apuntándose a mis talleres! Fue una inyección grande de energía.

No hice la propuesta en cualquier sitio. Se la hice solo a ellas porque son amigas, porque me sentía en casa, porque conocían mi situación y me cuidarían si lo necesitaba. Además, la propuesta era para talleres online. Yo aún no me sentía preparada para salir de casa a trabajar. La pantalla era un escudo que me protegía, pero también una ventana por la que mirar qué había fuera.

La experiencia funcionó muy bien, mucho mejor de lo que yo esperaba. Me sentí muy cómoda acompañanado a otras familias. Y, sobre todo, útil. Me sentí útil. Tenía algo que aportar, podía ayudar.

En esas semanas, también realicé un par de asesorías de porteo en casos de bebés con necesidades especiales. Tenía que estar ahí. Vi claro que mi papel, mi experiencia, me permite, e incluso, me hace óptima para acompañar a ciertas familias. Aún tengo que vencer el miedo a que otras madres se vean reflejadas en mí y crean ver su futuro cuando conocen mi situación. Eso es lo único que aún me hace arrugarme un poco. Todo lo demás es empoderamiento, es verme capaz, es sentir que valgo para esto.

A finales de octubre recibí una oferta de trabajo que era compatible con lo que yo ya estaba construyendo y que encajaba en lo que yo pensaba que podía asumir. Básicamente, era trabajo desde casa, con algunas horas al mes de trabajo en tienda haciendo lo que antes hacía en Monetes, asesorar a familias.

Las piezas del puzzle encajaban y, sorprendentemente, lo que pensaba que más me costaría, es lo que mejor me ha venido. Me asustaban un poco las horas de trabajo en tienda, atendiendo a familias sin el escudo de mi pantalla. Nada. 0 problemas. Al revés, mucha satisfacción por sentir que hago las cosas bien. Incluso he salvado situaciones que me preocupaban como que me preguntaran si tenía hijos o encontrarme con antiguas clientas.

En mi interior, aunque tenía miedo a dar ese paso, yo tenía la intuición de que me iría bien. No me equivocaba. En 2016, cuando comencé a trabajar en Monetes, hubo algo que se arregló, que era mi miedo a las embarazadas. Gracias a ese trabajo reaprendí a relacionarme con familias sin miedo a que les pasara algo malo.

Algo me decía que esta vez pasaría algo parecido. Desde que Daibel murió me cuesta relacionarme con familias, la verdad. Mientras Daibel vivía, estar con  l@s hij@s de mis amigos nunca fue un problema. Nunca sentí envidia de que sus hij@s estuvieran sanos ni me molestó escuchar sus preocupaciones, que en comparación con las nuestras, podrían parecer pequeñas. Cuando Daibel murió, la cosa cambió. No estoy del todo cómoda cuando hay niños y niñas en mi entorno, sinceramente. Y soy plenamente consciente de que no me relaciono con ell@s como antes. Creo que hay una parte de envidia, pero también siento que hay algo más profundo para lo que todavía no he encontrado nombre.

Volver a trabajar con familias, está colocando esto en su sitio. Me ayuda mucho a normalizar mi relación con ellas, como pasó cuando empecé en Monetes. Además, gracias al trabajo, también he notado mucha mejoría en mi ansiedad social, que tras la desescalada no era capaz de ubicar y en septiembre estaba desatada.

 

Soy autónoma

Para hacer posible mi participación en varios proyectos y atender mis necesidades emocionales, me he visto empujada a hacerme autónoma. Me dices esto hace un año y me parto de risa. Jamás ha entrado en mis planes y de mi boca ha salido muchas veces que nunca pasaría. Pero mira, ahora me tengo que tragar mis palabras y resulta que hay dos autónomos en casa, cosa que siempre pensamos que era una locura.

Hacerme autónoma ha sido necesario, no sólo para compaginar varios proyectos, sino para poder ser dueña de mi tiempo. Ya he explicado al principio del post que estoy aquí por inercia, porque necesitábamos otra entrada de dinero. Si realmente las cosas fuesen de otra manera, si nos lo pudiésemos permitir, yo seguiría dedicándome a mí, a mi autocuidado y ya está, para seguir transitando mi duelo sin distracciones. Pero la realidad es que yo ya había dejado pasar ofertas de trabajo y mi tiempo de prestación por desempleo estaba cerca de agotarse. Era arriesgado dejar pasar esta oportunidad.

Necesito ser autónoma porque mi estabilidad emocional es muy frágil. No son pocos los días en los que me arrasa un tsunami y necesito parar. Hacer esto siendo una empleada por cuenta ajena es problemático. Al ser autónoma, me lo puedo permitir y me siento más cómoda haciéndolo, la verdad.

Me sincero en otro aspecto. Cuando recibí la oferta de empleo que me hizo dar el salto o, incluso, cuando yo hice la propuesta a Materna Yoga, no sentí la ilusión que he sentido el resto de veces que he conseguido trabajo. Sentía más miedo que otra cosa, y me da pena, pero es así. Me da pena porque si algo me ha caracterizado siempre son mi entusiasmo y mi alegría. Y, aunque la sonrisa no se me quita fácilmente de la cara, la tristeza que siento es enorme y, por el momento, incompatible con el entusiasmo.

Ahora que ya os he explicado cómo ha surgido todo, puedo deciros que no os sorprendáis si me encontráis en redes sociales por varios sitios. Como he dicho, colaboro con varios proyectos. Es un honor haber trabajado en los últimos meses en Materna Yoga, Acontramarcha, Alma Eko y Aire Comunicación. También, aunque sin remuneración, he colaborado con la Fundación Porque Viven y la Sociedad Española de Cuidados Paliativos Pediátricos. Ahí estoy poniendo mucha energía y estamos creando cosas preciosas. Mira, ahora que lo escribo, se me dibuja una sonrisa en la cara. Igual es que sí hay algo de entusiasmo en esto...

Publicado en Salud emocional

Hoy es el último día que Monetes abre su tienda física. Mantenemos abierta la tienda online y seguimos dando servicio de asesoramiento de porteo y sillas de coche como agentes en la zona de Rivas y la sierra de Guadarrama. Hablo en primera persona de plural porque soy la única empleada que se mantiene en plantilla. Esto me tiene desconcertada. No me puedo quejar porque sigo teniendo trabajo, pero siento una pena inmensa por el cierre de la tienda física.

No hay una única razón para este cierre. Jeni, la dueña, lo ha explicado aquí en detalle. En resumen, los márgenes del sector son muy ajustados, nuestros sueldos son dignos, para mantenerlos, hay que vender mucho y lo hacemos, pero a costa de que el desgaste de Jeni sea insostenible. 

Monetes es para mí más que un trabajo. Yo fui clienta antes que empleada. He hecho mío el proyecto y me siento muy frustrada por no haber conseguido que funcionara. Monetes es un referente en España para la crianza respetuosa y perder buena parte del contacto directo con la gente es un asco. Además, Monetes me saca de casa.

Aún con todo, me quedo en una situación muy favorable y me agarraré a eso para sacar la motivación que ahora me falta. En otro momento os contaré por qué soy yo la que se queda y no otra compañera, ya que, paradójicamente, la situación de Daibel es lo que lo hace posible.

Como balance, hoy quiero contarte qué me han aportado estos tres años en la tienda física, más allá de lo económico y los aprendizajes propios de la profesión. Y es que también ha sido una oportunidad de crecimiento personal, con mucho trabajo interno.

Como en todos los trabajos, hay cosas buenas y cosas malas. El trabajo en Monetes no es un idilio constante. Hay ciertos aspectos de mi trabajo que me encantan y me apasionan y otros que me resultan tediosos o, incluso, devastadores. De estos últimos no queda otra que aprender.

Aquí va mi lista de cosas que me ha aportado mi trabajo en estos tres años:

Menos prejuicios

Trabajar asesorando a familias de todos los tipos es una cura de humildad enorme. No juzgar es una de nuestras máximas en el trabajo y comencé hace tres años teniéndolo muy claro, pero aún de vez en cuando, me topo con situaciones que me hacen replantearme mis propios prejuicios. Es trabajoso darse cuenta y volver a la casilla de salida, pero también es un aprendizaje estupendo. Lejos de culparme, cada vez que detecto en mí un prejuicio, me felicito por haberme dado cuenta y tener la posibilidad de remediarlo.

Menos comparaciones

Creo que tener un hijo como Daibel te puede llevar fácilmente a compararte con otras familias y sentir que lo que nos pasa es injusto. Tener envidia, vaya. Por alguna razón que no sé explicar, esto es algo que creo que me ha pasado poco. Desde que nació Daibel, lejos de frustrarme al estar con otras familias de mi entorno, he disfrutado mucho con ellas. Jugar con los hijos de los demás ha sido sanador para mí.

Pero no voy a negar que en ciertos aspectos la cosa no ha sido tan fácil, como puede ser la lactancia. Yo veía a madres con hijos sanos a los que no daban el pecho por decisión propia y no porque hubiese habido ninguna complicación, y me sentía muy frustrada porque yo quise hacerlo y no hubo manera. Esta forma de verlo, además de prejuiciosa, era muy dañina para mí porque me estaba comparando. El contacto constante con familias hace que esto desaparezca si quieres irte a casa con la cabeza en su sitio.

Menos sensación de ‘no madre’

Os voy a contar una cosa muy curiosa. Durante el primer año de trabajo en Monetes, cada vez que atendía a una familia con recién nacido, se me erizaba la piel y los ojos se me humedecían. Me resultaba muy emocionante tener un bebé cerca y, aunque era una sensación bonita, no era cómoda para trabajar.

Yo relaciono esta reacción con la sensación de ‘no madre’ que experimentamos algunas mujeres que tenemos hijos con necesidades especiales y que vemos deshecha nuestra idea de maternidad preconcebida. Cuando veía a un bebé sano, me daba mucha alegría por la criatura y su familia y me invadía esa emoción.

Poco a poco, esa sensación se ha ido calmando, normalizando y, creo yo, siendo más sana y ayudándome a comprender cuál es mi sitio. Eso sí, la sensación angustiosa cuando atiendo a una familia con un peque con necesidades especiales no se va. Por muy pequeña que sea la cosa, siento cómo contengo la respiración al hablar con esa familia. Trato de dar lo mejor de mí y comprobar si algo de mi experiencia les puede ayudar, pero lo hago con un palo que me endereza la espalda, por no decir otra cosa.

Menos miedo a los cambios

Los grandes problemas de ansiedad que he tenido derivan de mi miedo a los cambios. Tener un hijo como Daibel y trabajar en Monetes es una cura brutal para esto. En Monetes las cosas cambian todo el tiempo, a diario. Desde cómo realizamos cada tarea, a cómo organizamos el espacio, pasando por los productos que vendemos. Es una adaptación constante. Así que, si no quería volverme loca con cada cambio, más me valía espabilar.

Para esto, Jeni, la jefa, es una maestra. Ante algunas situaciones complicadas, yo me habría bloqueado, pero ella siempre ha visto la necesidad de hacer cambios. He aprendido mucho de ella en este aspecto, si bien su energía de torbellino me ha vuelto loca más de una vez.

Menos culpa, menos responsabilidad

Durante los primeros meses en Monetes me impuse a mí misma mucha presión por hacerlo todo perfecto. Cada vez que cometía un error me machacaba y lo vivía con mucho desánimo. No tardó mucho en cambiar mi visión sobre esto y fue maravilloso, por liberador, y porque pude trasladar el aprendizaje a otras facetas de mi vida.

Yo me esfuerzo mucho en dar lo mejor de mí y en que las cosas salgan bien, pero, de vez en cuando, algo se tuerce y no me culpo por ello. Analizo la situación, valoro si hay algo que pueda hacer para arreglarlo o aprender para la siguiente, pero no me machaco pensando en cómo debería haberlo hecho para no cagarla. Hubo un día que entendí que no todo era responsabilidad mía y decidí que sería así para el resto de cosas de mi vida. 

Más seguridad en mí misma

Esto es algo que con los años ha ido mejorando, pero, desde la primera llamada de Jeni para ofrecerme el trabajo, ya apareció. Desde que Daibel nació y, sobre todo, cuando inicié el blog, me invadía la sensación de síndrome de la impostora. Creía que yo no era quien para hablar sobre crianza respetuosa y apego, ya que mi contacto con esta manera de entender la relación con los hijos era reciente y poco experimentada. Me sentía pequeña ante otras madres, cuyos hijos eran de la edad de Daibel. No ayudaba la sensación de ‘no madre’ de la que os hablaba antes.

Aquella llamada de Jeni hizo que cambiara mi visión por completo. Una persona que para mí era un referente me ofrecía un trabajo en el ámbito de la maternidad y la crianza respetuosa. No podía ser que yo fuera tan buena impostora, tenía que ser que yo valía para esto.

Con el tiempo, he ido adquiriendo más conocimientos y seguridad y a menudo me sorprenden y enorgullecen las soluciones que les doy a las familias cuando las asesoro. Es un gusto sentirse así.

Más estilo

Ya os conté en el blog que cuando comencé a trabajar en Monetes venía de pasar tres años en pijama y sentía que la ropa que tenía no iba conmigo para nada. Al empezar a trabajar allí, por primera vez me permití comprarme ropa que de verdad encajara conmigo y no con la imagen que se suponía que debía dar. Este fue el origen de mi armario cápsula

Más personas maravillosas

Era obvio que este apartado aparecería. Trabajo con personas encantadoras, de las que aprendo un montón y con las que puedo compartir cualquier cosa. Muestran una comprensión y una empatía enormes ante nuestra situación familiar. También me cruzo con clientes y prefesionales que imparten las actividades con quienes siento una conexión especial y hacen que sea un gusto ir al trabajo.

De entre mis compañeras, se merece mención especial Rebeca, con quien me entendía muy bien y lo pasaba genial, y de la que aprendí una barbaridad. No creo que sea consciente de cuánto me ha enseñado sobre amor propio y seguridad en una misma.

 

¡Madre mía! Releo todo lo que he escrito y me parece mentira. ¡Qué cantidad de aprendizajes! ¡Qué oportunidad de crecimiento personal me ha traído Monetes! Todo esto tiene un valor que no se puede calcular con dinero.

Al menos todo esto no lo pierdo, se quedará conmigo para siempre y estoy segura de que en esta nueva etapa exprimiré nuevos aprendizajes. 

 

¿Qué aprendizajes te trae tu trabajo? ¿Te has parado a pensar qué te aporta más allá de lo económico?

Publicado en Burocracia

¡Que sí, que se puede! No me he vuelto loca. Se puede conciliar, no es fácil, pero se puede. Hay que ponerle ganas y tener suerte, no lo voy a negar, pero se puede. Y encima, lo digo yo, la madre de un niño que tiene una enfermedad rara, de las jodidas, de las que nos tiene pisando el hospital muy a menudo.

Llevo ya un año trabajando en Monetes. Ya os conté en septiembre pasado que de pronto, sin estar buscando trabajo, Jeni me ofreció el empleo, no sé si de mi vida, pero al menos sí de mi momento. Yo no buscaba trabajo porque me parecía imposible encajarlo en mi vida con Daibel, con tantos médicos, terapias, urgencia y hospitalizaciones.

Un año después, puedo decir que estoy encantada con mi trabajo. Ha sido muy duro, la verdad. Daibel ha pasado el peor de sus años a nivel de salud y compaginarlo todo no ha sido una tarea fácil.

Qué me aporta

Monetes ha supuesto una revolución para mí y mi familia. En primer lugar, por los ingresos económicos, obviamente. En segundo, por las horas fuera de casa. Sí, me han venido bien, me ha servido para despejarme y realizar tareas que nada tuvieran que ver con los médicos. Esto también tiene su contrapartida, pero la cuento más tarde.

Lo más importante que me ha dado Monetes es una nueva profesión. Es la tercera profesión que desempeño en mi vida y puedo decir, con seguridad, que es la que más me gusta y me aporta. Trabajar en torno a la maternidad y la crianza en este momento de mi vida me parece de lo más idóneo. Es eficaz. Es en lo que estoy enfocada, interesada y desempeño mi labor con verdadera motivación.

Además, estoy haciendo la formación de Asesora de Porteo De Monitos y Risas y es un gustazo. Por una parte, me hace entender mi propia crianza. Por otra, volver a estudiar me ha hecho una ilusión tremenda. También ha supuesto un tiempo para mí que he disfrutado mucho (poniendo mis apuntes bonitos y esas cosas, ¡me encanta!). Y, por si fuera poco, además me siento realizada. Creo que lo que hago es verdaderamente útil para la sociedad.

Por qué ha sido difícil

Como decía antes, Daibel no ha pasado buen año. Su epilepsia está muy rebelde y hemos pasado meses muy duros por ello. También los catarros son cada vez peores debido a su insuficiencia respiratoria. Son verdaderas crisis de salud que le tienen convaleciente muchas semanas.

Su epilepsia lleva asociado un trastorno de sueño demoledor, que ha hecho que, durante meses, durmamos entre 0 y 5 horas al día (no seguidas). Esto hay sido durísimo. Irse a trabajar sin dormir durante días y días y darlo todo en el puesto de trabajo (quienes conocéis Monetes sabéis que es una locurilla y que no paramos) hace que el resto de tu vida sea un desastre. Mi casa, un desastre. Mi alimentación, un desastre. Mi vida social, un desastre. Y así… Siento que lo único que he cuidado este año ha sido a Daibel y mi trabajo.

Emocionalmente ha sido una bajada al infierno. Sólo trabajo 20 horas a la semana, pero buena parte de esas horas antes me las dedicaba a mí. Hacía manualidades, escribía aquí, salía a despejarme y hacer recados, quedaba con amigas, organizaba encuentros… Trabajar en Monetes no ha supuesto restarle tiempo a Daibel. Ha supuesto quitármelo a mí y eso no lo he llevado bien. Sumar la falta de sueño con el poco tiempo para mí ha hecho que me encuentre muy triste, cansada y rabiosa en muchas ocasiones. También me ha hecho reflexionar y llegar a conclusiones que para mí han sido muy reveladoras y me ayudan a entenderme y avanzar. Te lo conté en este artículo sobre el puerperio y en este otro sobre la culpa. Y espero tener pronto la tercera entrega, que tratará sobre el distanciamiento con mi hijo. Un temazo…

Cómo conciliar

Y en este contexto, llegamos ya al meollo del asunto, a la conciliación de la vida laboral y familiar. Si un comercio de barrio se puede permitir llevar a cabo las acciones que voy describir, con más razón pueden hacerlo empresas grandes en donde trabaja mucha gente. A ver si estas perogrulladas que voy a escribir le llegan a los responsables de recursos humanos de las grandes corporaciones y se ponen las pilas.

 Paso a detallar las acciones que llevamos a cabo en Monetes y que nos permiten conciliar:

  1. Puedo llevar a Daibel al trabajo: sí, ya sé que esto no se puede hacer en todos los trabajos, pero entonces habrá que buscar otras fórmulas. Yo trabajo casi siempre de tarde y entonces el padre se queda con la criatura. Cuando trabajo de mañana Daibel, que siempre tiene que estar bajo vigilancia de su padre o de su madre, no valen otras personas, se viene conmigo. Para esto, el porteo es nuestro gran aliado. Una herramienta de trabajo mas que me permite cubrir la necesidad de contacto que tiene Daibel y seguir trabajando.
  2. Tengo acompañamiento: si voy a estar sola con Daibel en la tienda, un miembro de mi familia, normalmente mi madre, nos acompaña para poder atender a Daibel si yo no puedo dejar lo que estoy haciendo en el trabajo. Vamos toda la familia al trabajo XD.
  3. Los días de terapia o médico no trabajo por la mañana: Daibel no está escolarizado, ni lo va a estar próximamente, por multitud de razones, pero sí tiene terapias 3 días a la semana. Además, su cerca de 20 médicos le ven, como mínimo, 2 veces al año cada uno, además de pedirle pruebas, por lo que las visitas al hospital son constantes. Estos días, yo no trabajo por la mañana. Listo.
  4. Los días de hospitalización no trabajo: esto entra dentro de razonable, ¿no? Bueno, pues si el ingreso se alarga, los padres dejan de tener derecho a baja por hospitalización del hijo. No nos hemos visto en esta situación, pero, si pasa, tenemos diseñado plan B y C. ¡Toma ya!
  5. Los días de ‘hospitalización casera’ no trabajo: nos ha pasado una vez este año. Daibel estaba muy malito. No le llevamos a urgencia porque, si lo hacíamos, le ingresaban. Le echamos mucha valentía y nos quedamos en casa, exprimiendo nuestros recursos, que son casi los de un hospital de campaña. Le sacamos de aquella en casa. Necesitaba mucha atención y vigilancia, por lo que me quedé en casa y otra compañera cubrió mi turno.
  6. Antes de hacer los horario se pregunta qué necesitamos: así podemos informar informar de qué días tiene médico Daibel, cuando una compañera tiene reunión de consejo escolar o, simplemente, un encuentro familiar que no se quiere perder.
  7. Puedo cambiar turnos con compañeras: una vez hecho los horarios, si surge algún imprevisto, le puedo pedir a una compañera un cambio de turno. Hasta ahora, todos han sido posibles.
  8. Se atiende también a ritmos vitales y al ocio familiar: yo he podido pedir que no se me pusiera a trabajar por las mañana durante las semanas que Daibel ha estado durmiendo peor, por ejemplo. Como decía antes, también se tienen en cuenta los planes familiares a la hora de elaborar los horarios, no sólo lo que tiene que ver con la salud.
  9. Posibilidad de trabajo desde casa: este cartucho no lo hemos tenido que quemar este año, pero ahí estaba por si lo necesitamos.

Pequeñas cosas que hacen que se pueda conciliar. No hacemos otra cosa que aplicar el sentido común.

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Y seguimos…

Comienza un nuevo curso que me ilusiona bastante. Puedo decir que he recibo un ‘ascenso’. Igual no es tal cosa, pero suena tan bien… Voy a trabajar 5 horas más a la semana, cobraré más y tendré nuevas responsabilidades. Es muy motivador.

Cuando entré, hace un año, comencé realizando tareas sencillas. Mantenían mi mente ocupada, pero no requerían un esfuerzo intelectual por mi parte. Era exactamente lo que necesitaba en ese momento. Ahora ya estoy lista para avanzar y asumir otras responsabilidades y casualmente se me da la oportunidad. En realidad no me parece casual, es que esto fluye. Porque en Monetes hablamos mucho las unas con las otras, nos entendemos y nos esforzamos por que el ambiente de trabajo sea bueno.

Este ‘ascenso’ tiene un valor añadido. Cuando se lo contaba a una amiga, me dijo algo que dio en el clavo y con su permiso comparto aquí su mensaje: “Que una ‘discamadre’ consiga estas cosas me alegra doblemente. Por las noches sin dormir, las preocupaciones, la carga… y aún así, al pie del cañón”.

En este punto, felicito a todas las ‘discamadres’, con trabajo o no, por su dedicación y fortaleza. A veces somos increíbles.

Y no sólo es eso. Menos mal que las cosas marchan bien en el trabajo, que con lo enredada que tengo la vida por otros costados… no me imagino yendo asqueada al trabajo, como le pasa a mucha gente o me ha pasado a mí en otros momentos de mi vida. Así que sólo me queda dar las gracias por esto una vez más y reconocer la honradez con la que se trabaja en Monetes para que esto sea posible.

Para terminar, quiero comentar que este curso me he propuesto organizarme mejor para ver si consigo sacar tiempo para mí y otras cosas que se han visto dejadas de lado, como la casa o la alimentación. Porque conciliar es conciliarlo todo, no sólo que podamos cuidar de los hijos.

Sinceramente, no me parece fácil mi propósito. Tengo esperanzas de mejorar, pero si Daibel no duerme, no veo la manera de cumplir con mi programación. De momento, me he puesto las pilas recopilando recursos de gente como Azucena Caballero (Mujeres empoderadas, Educarpetas, Pedagogía Blanca) y Gala Rodríguez (Escuela de Vida Lenta). La cosa ha empezado bastante bien. Si consigo mantenerme, os lo contaré…

¿Tu trabajo te permite conciliar? ¿Cómo se presenta tu inicio de curso?

Publicado en Burocracia
Lunes, 05 Septiembre 2016 20:26

Un trabajo inesperado que me permite conciliar

Sí, has leído bien el titular. Tengo un trabajo nuevo en el que voy a poder conciliar familia y trabajo. No es una broma, no es brujería, es una oportunidad real.

Hace unos días, me lleve una gran sorpresa. Jeni, dueña y asesora de porteo de Monetes me llamó para ofrecerme un puesto de trabajo en su maravilloso proyecto, del que me enamoré en cuanto lo conocí a principios de 2013, cuando aún no era madre ni sabía que estaba embarazada, aunque así era. Recuerdo perfectamente el primer día que fui a Monetes con mi amiga Sara y su hija Nora. Nos tiramos allí un largo rato maravilladas con las posibilidades de la tienda. Al poco tiempo, entrevisté a Jeni y a Zaida para el boletín de la Red de Recuperación de Alimentos, ya que era uno de los comercios colaboradores. Desde que me quedé embarazada, la tienda, sus talleres y su asesoría de porteo han sido para mí un referente. Con el tiempo, la relación se fue haciendo más estrecha y he colaborado en dos entradas de su blog, la primera es un tutorial de un sonajero adaptado y la segunda una entrevista sobre nuestros inicios en el porteo. Además, acompañé a Jeni a un taller sobre porteo ergonómico que impartió para el servicio de Rehabilitación Infantil del Hospital General Universitario Gregorio Marañón, donde acude Daibel. Resulta que hay más cosas que llevamos un tiempo preparando. Nunca pensé que os la mostraría siendo trabajadora de Monetes, pero así será.

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Unas condiciones laborales envidiables

Esta oferta, que he aceptado, llega en un momento de catarsis en mi familia; en un verano de locos, muy complicado por muchas razones, que nos ha fortalecido y ha cambiado el rumbo de nuestra vida. Llega sin haberlo buscado, pero resulta que se ajusta a la perfección a nuestras circunstancias; y es que este empleo presenta unas características de fábula:

  •         Mucha comprensión respecto a nuestra especial situación y los imprevistos a los que nos podemos enfrentar. Con Daibel no es precisamente fácil organizarse. Pega sustos y de vez en cuando pasa por urgencias o acaba hospitalizado. Es una de las primeras cosas que Jeni y yo hablamos y vimos diferentes opciones para resolver estos imprevistos. No sabemos exactamente qué tal nos saldrá cuando algo suceda, pero estamos preparadas. Además, se supone que cuanto más mayor sea Daibel menos sustos nos llevaremos.
  •          Posibilidades reales de conciliación entre vida laboral y familiar para todas las personas que conformamos el equipo Monetes. Esto pasa, por ejemplo, por que Daibel me acompañará en buena parte de mis horas de trabajo y por una flexibilidad envidiable en el horario de trabajo que me permitirá seguir yendo con mi hijo a las terapias y las consultas médicas, así como disfrutar de tiempo en familia.
  •             Un aumento de nuestros ingresos familiares que no esperábamos y que nos viene a las mil maravilla.
  •            Está muy cerca de mi casa. ¡Puedo ir andando! Siempre he querido tener un trabajo al que poder ir caminando.
  •            Un equipo y un ambiente de trabajo buenísimos.
  •           Un proyecto solvente que me encanta y al que me ilusiona pertenecer. Lo reconozco, soy muy fan de Monetes. Os he recomendado la tienda muchas veces. Así que me siento como una fan de Justin Biber que ha terminado haciéndole los coros. Soy una Monetieber XD.

¿Se puede pedir más? Me siento una privilegiada. Porque, como escribió Nohemí Hervada, en muchas ocasiones las madres tienen que enfrentarse a muchas renuncias. Yo siento que ahora no es en absoluto mi caso. La pena es pensar que esto es una suerte. Si le puesiéramos más cabeza al mundo laboral, casos como el mío no serían aislados.

Un cambio de rumbo ilusionante

Durante estos tres años de maternidad he pensado muchas veces en cómo sería mi vuelta al mercado laboral y no lo veía nada claro. Más bien lo veía imposible, al menos mientras Daibel estuviera sin escolarizar, y para eso queda mucho tiempo todavía. Volver a mi trabajo anterior nunca ha entrado en mis planes. Cuando Daibel nació me colocó en mi sitio y pronto supe que con él en mi vida no querría volver a trabajar en la universidad. Aquello es demasiado tóxico y no necesitamos añadir más leña al fuego. Cuanto más tiempo pasa, más lejos me siento de esa posibilidad y me alegro.

En este tiempo también iba comprendiendo que me interesaba realmente trabajar en algo relacionado con la maternidad. He fantaseado con ser asesora de porteo, de lactancia, impartir talleres sobre juguetes adapatados… Incluso llegué a pensar en que me gustaría trabajar en Monetes. ¡Qué locura! ¿Será el poder de nuestra mente? Pero lo que jamás había pensado es que Jeni me viera como una posibilidad, y menos ahora. Nunca lo habíamos hablado.

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Ante esta nueva situación, he de reconocer que mi implicación en Crianza Mágica será menor, pero desde luego, no tengo ninguna intención de dejarlo aparcado. El ritmo de las publicaciones, que nunca ha sido especialmente acelerado, será menor. Sé que lo comprendéis y os doy las gracias por ello.

Gracias, también, a Jeni por su confianza en mí y por permitirme formar parte de la familia Monetes. ¡Allá vamos!

¿Tu trabajo te permite conciliar? ¿La maternidad ha cambiado en algún modo tu situación laboral? ¿Eres mamá de un peque con necesidades especiales y trabajadora? ¡Cuéntame!

Publicado en Burocracia