Crianza Mágica | Apego y respeto para niños con necesidades especiales

Voy a seguir hablando sobre mis ejercicios de escritura terapéutica. En el post anterior te contaba cómo me inicié en esta actividad que es ya rutinaria para mí y cuáles son los ejercicios de journaling que realizo. Hoy voy a hablaros de tres herramientas más: la escritura creativa, los diarios de viaje o de eventos y los registros que me hago cuando realizo algún reto, proyecto o programa de formación.

 

Escritura creativa 

Otra forma de escritura que practico bastante últimamente es lo que llamo escritura creativa. No me atrevo a llamarlo poesía porque no me siento a la altura de semejante género literario, pero va por ahí… Se trata de textos cortos y, que no riman. En el blog hay tres ejemplos: unos sobre los niños y niñas que acompañaron a Daibel, otro sobre sus cicatrices y otro sobre nuestro hogar. En el post anterior hay otro sobre el término duelo. Y mañana dejé uno muy potente en mis redes sociales, Instagram y Facebook.

Son muy expresivos, aunque cuentan con pocas explicaciones. Se trata justo de eso. Estoy más acostumbrada a escribir textos más o menos divulgativos en los que doy explicaciones con mucho detalle. En la escritura creativa expreso una idea tal cual me sale de la cabeza, sin darle muchas vueltas ni explicaciones. Solo yo sé exactamente lo que quiero decir. Quien lo lee puede interpretarlo de otra manera. Y así ha sido.

En esta línea, estos meses he participado en dos retos de escritura en internet: ‘Escapril’ y ‘Mi diario yogui’. En ambos, la dinámica era la misma. Cada día, durante un mes, se propone una palabra, tema o concepto sobre el que escribir un poema o relato corto. Yo usé estos dos retos para escribir sobre mi proceso de duelo de una forma más espontánea. Yo lo llamaba vomitonas. Escribía a lo bruto, lo primero que se me pasara por la cabeza. No pulía nada los textos.

Hice ‘Escapril’ en abril y ‘Mi diaro yogui’ en verano. Son textos que expresan mucho dolor, pero muy auténticos. Sobre todo, en el reto de ‘Escapril’ se nota que las primeras creaciones son muy oscuras y va habiendo algo más de luz hacia el final.

 

Diarios de viaje o de eventos especiales

Como os conté en el post anterior, de mi bullet journal desapareció la sección ‘Cosas que molan’ porque desde que murió Daibel ya nada me parece digno de merecer tal espacio. Pero sí echo de menos reconocer y dejar muestra de momentos especiales que me aportan bienestar o que son bonitos. Es por ello que hago diarios de viaje o de eventos especiales, como puede ser un fin de semana que hemos recibido una visita o la celebración de un cumpleaños. 

Por el momento, son solo textos, pero mi idea es acompañarlos de fotos de esos eventos. Os voy a poner dos ejemplos. Esto es lo que escribí sobre el último día de un viaje a Cantabria que hicimos a primeros de marzo:

 

Día 5: 8 de marzo

Último día en el suelo, frente a la ventana, con manta, té y diario.

Visitamos en pareja la misma pradera y el mismo bosque.

Nos despedimos del río helado, las montañas sobrecogedoras y las ovejas.

Muchos cactus y suculentas, bolsas de muselina y un jabalí veloz.

 

Y estos son los stories que publiqué en las redes sociales el día que Daibel debería haber cumplido 7 años. La idea es que pasen al papel y tengan un espacio en mi bullet journal.

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Retos, proyectos y programas

Igual habéis notado ya que soy una friki de los retos de internet. También me tomo muy serio mis proyectos o los programas de formación que realizo. Trato de sacarles siempre el máximo partido. Es por ello que suelo llevar una especie de registro o diario de estos proyectos. Así fue, por ejemplo, cuando participé en El Club de vida saludabel de Gala Rodríguez, del que te gablé aquí. Me creé mi propio registro para saber qué contenidos había consumido y cuáles no, y un espacio para anotar cualquier cosa que quisiera dejar por escrito sobre las sensaciones que iba notando con cada cambio.

También, el programa ‘Un viaje por el mundo de los chackras’ de OfiYogui, contó con un espacio propio en mi bullet journal. En este caso, Caroline, por cada chakra nos proponía un cuestionario que nos invitaba a reflexionar sobre diferentes aspectos de nuestra vida. Yo rellené esos cuestionarios y me encanta poder volver a ellos y ver cómo mi visión sobre algunos aspectos va cambiando. También, desde entonces, me creé un diario de yoga en el que apunto las sensaciones que tengo durante y después de la práctica.

Otra cosa que hago a finales de año (y ya llevo 3), es responder a una serie de preguntas que propone De mi casa al mundo en este post y que me ayudan a entender en qué punto me encuentro, cómo deseo estar a qué retos me enfrento… Cuando acaba el año, recojo todos los cuestionarios de los años anteriores, los leo y escribo el siguiente. Es un ejercicio muy revelador. Gracias a él entiendo muchas cosas.

Ya te he contado todas las herramientas de escritura terapéutica que utilizo. Ya ves que son unas cuantas. No empleo todas todos los días, pero, desde luego, sí escribo todos los días, de una manera u otra y me resulta muy sanador.

Yo hago todo esto en la misma libreta, en mi bullet journal, que en realidad es un archivador. Empiezo a tener problemas de espacio y me temo que voy a tener que dividir el contenido y usar dos archivadores distintos. La parte de mí que se siente minimalista está rabiosa.

Lo que os he contado son las herramientas que yo utilizo, pero puede que a ti no te llamen y estés buscando otras cosas. Internet y, en concreto YouTube, está lleno de ideas de journaling, si te interesa indagar más, te recomiendo este vídeo de Dalia Journals en el que encontrarás más propuestas y este otro de beyond words.

Publicado en Salud emocional

Voy a hablaros de  por qué la escritura es una herramienta terapéutica para mí. En el post de hoy os contaré cómo inicié este proceso y cuáles son mis principales herramientas de journaling (concepto que explico más adelante). Y como me he alargado bastante, en el próximo post os cuento más sobre mis ejercicios de escritura creativa, diarios de viaje y registro de proyectos. 

 

Escribe sobre lo que te interesa y se convertirá en rutina

Siempre me ha gustado escribir, pero no fue hasta que Daibel nació que lo empleé como una actividad terapéutica para mí. De hecho, no fue hasta entonces que comencé a escribir  las cosas que de verdad me interesaban.

Durante mis estudios y los primeros años en el mundo laboral escribí muchísimo: trabajos para la universidad, noticias para medios, notas de prensa, publicaciones en revistas científicas, comunicaciones para congresos, capítulos de libros académicos… Me costaba un triunfo ponerme a escribir estas cosas porque, en realidad, no me interesaban tanto como yo creía.

Comencé a disfrutar de verdad de la escritura, y también la lectura, cuando me quedé embarazada. Entonces, inicié un diario de embarazo, que no me he atrevido a releer nunca, y leía mucho sobre crianza.

 

Escribir lo que no estaba escrito

Cuando Daibel nació,seguí leyendo, pero no buscaba información sobre cómo atender o mejorar sus múltiples alteraciones. Esas cuestiones las resolvía preguntando a sus médicos y terapéutas. Yo seguía buscando información sobre crianza. Pero lo que encontraba, en la mayoría de los casos, no era aplicable a la situación de Daibel.

Por eso nació Crianza Mágica. Quise crear un espacio en el que otras familias en situaciones como la nuestra encontrasen la información que yo estaba buscando en ese momento. En 2014, un año después de que Daibel naciera, abriría las redes sociales y en 2015 el blog.

Nunca había escrito con tanta pasión, con tanto interés. Me sentía en mi elemento, creando los contenidos que de verdad quería y que pensaba podían resultar útiles.

En un primer momento, los objetivos eran tres y los voy a exponer en orden de prioridad:

  1. Ayudar a otras familias en situaciones parecidas a la nuestra.
  2. Visibilizar otras realidades y reivindicar un trato justo y respetuoso en todos los ámbitos.
  3. Escribir como actividad terapéutica para mí. 

Así pensaba yo que serían las cosas en un primer momento, pero desde el principio, el orden de los objetivos se dio la vuelta. Resultó que desde el inicio la escritura me sirvió de mucho para aclarar mis ideas, para colocar conceptos confusos, para restar culpa, para entenderme. Comenzaron  a seguirme muchas familias comprometidas con la crianza respetuosa sin hijos con necesiades especiales y terapeutas. Así que las tareas de visibilización y reivindicación se cumplen gracias a ell@s. Pero son pocas las familias en situaciones como la mía que andan por aquí, por lo que, el que yo tenía en mi cabeza como objetivo principal, pasó a tercera posición. Y está bien. Que haya pocas familias en situaciones parecidas a la nuestra no significa que no haya ninguna. Claro que las hay. Y me dejan mensajes preciosos. Os lo agradezco.

 

Journaling, escribir para mí

Hace ya casi 3 años, vengo utilizando la el bullet jornal como herramienta de organización. Para quien no lo sepa, a grandes rasgos consiste en ir creando tu propia agenda con los apartados que exactamente tú necesitas. Si te interesa el tema, hablo en detalle sobre mi bullet journal aquí.

En muchos casos, la herramienta del bullet journal va de la mano de la práctica del journaling, que traducido vendría a ser algo así como escribir un diario. Pero, en la práctica, es un concepto más complejo y me atrevería a decir que único en cada caso..

Hay muchas técnicas de journaling, desde el diario de mañana, el de motivación, el de emociones, el de agradecimientos, el de propósitos, el art journal, el registro de hábitos… Las opciones son infinitas. 

En mi bullet journal siempre ha habido un espacio de control de hábitos que me ha ayudado mucho a instaurar rutinas saludables de alimentación o de ejercicio, por ejemplo. Además, por temporadas, cuando quiero instaurar una rutina nueva, añado los apartados que corresponda. Tienes un ejemplo en este post en el que te explicaba mi rutina de mañana de hace una año. También llevo un registro de mi ciclo menstrual.

Durante el primer año en el que yo use bullet journal, todos los meses había un apartado que llamé ‘Cosas que molan’. En él, cada día apuntaba algo que había pasado que me había aportado bienestar. Después de un año, esa colección dejó de tener sentido para mí. Al final, las cosas que apuntaba se iban repitiendo y dejaban de ser especiales. Abandoné el concepto, pero unos meses después el cuerpo me lo volvía a pedir. Entonces, en vez de hacer una colección mensual para apuntar las cosas que molan, la hice anual, de forma que apuntaría unos pocos momentos de cada mes que por alguna razón para mi eran especiales.

Lo inicié en enero de 2020. La cosa iba muy bien. Ese mes apunté algunos eventos que fueron muy especiales y sentía que era un proyecto bonito que, al revisarlo, me llevaba a aquellos momentos de bienestar. Pero el 26 de enero Daibel murió. No volví a usar esa colección. Ya no había nada que molara. Había cosas que estaban bien, cosas que me aportaban bienestar, pero no molaban. El título de esta colección ya no tenía sentido. La hice desaparecer de mi bullet journal.

En diciembre de 2019 también inicié un proyecto de ‘carta a mi misma’. La idea era que a principios de cada mes hiciera un repaso de cómo había sido el mes anterior, qué me hacía sentir y cómo deseaba que fuera el siguiente, qué propósitos tenía. Lo hice ese diciembre y en enero. Como Daibel murió no he vuelto a tener ganas de hacer un ejercicio así. De nuevo, dejó de tener sentido. Ahora, según lo escribo, me vuelve a llamar la idea. Igual lo retomo para 2021.

 

Mis registros

Como ya he explicado, en el journaling hay infinidad de opciones. Son muy populares los diarios de mañana en los que se propone escribir tres cosas por las que estás agradecida, tus propósitos  objetivos para ese día o afirmaciones positivas. A mí estas propuestas no me encajan nada, me resultan artificiales, forzadas. Pero esto es lo que me pasa a mí. A ti podrían resultarte de lo más útil.

Yo uso estas otras herramientas que he incorporado después de la muerte de Daibel:

  • Diario de sueños: cuando me acuerdo de un sueño lo apunto con el mayor detalle que puedo. En realidad, no sé por qué lo hago. No tengo ni idea de interpretarlos. Comencé a hacerlo porque soñaba con Daibel y no quería olvidarlos. Pero lo cierto es que siempre, de toda la vida, los sueños que recuerdo son desagradables. Son, más bien, pesadillas. Siguen un patrón: suelo estar casi siempre con las mismas personas, en lugares que no conozco y en situación de peligro.
  • Diario de decisiones: en los últimos meses me he sentido tan perdida que no sabía ni cómo tomar decisiones más o menos sencillas. Con Daibel era muy fácil identificar si un plan era para nosotros o no. Ahora me cuesta más. Comencé a apuntar las decisiones para identificar desde donde las tomaba. ¿Desde el miedo? ¿Desde el deseo? ¿Desde la inercia? Apunto sólo las decisiones que considero importantes y las que me ha costado tomar, junto a la fecha. Nada más, no hago una valoración sobre ellas. Pero cuando las releo después de un tiempo, sí puedo identificar desde donde las tomé. Y sí, hay miedo, pero también aceptación y deseos, nada de inercia.
  • Diario de descubrimientos: esta herramienta es una frikada y me da pena no haberla utilizado antes porque es la que más me gusta de las tres. Os cuento su origen. En varias ocasiones, en estos meses, me han pedido que defina qué es para mí el duelo y me he encontrado con varias definiciones o ilustraciones que lo representaban. Con algunas me he sentido más identificada que con otras. Un día, escribiendo sobre ello, salió esto:

Duelo

Dicen que tiene fases, con sus nombres y todo. Yo no digo que no, pero le daría otros.

Dicen que son olas que te pasan por encima. Tampoco me veo nadando.

Para mí, es como si se encendiera y apagara la luz de forma aleatoria y con intensidades lumínicas diferentes.

Cada vez que se enciende la luz veo algo nuevo y, al apagarse, tengo un tiempo para entenderlo.

 

Esto me pasa constantemente. Ya me pasaba antes de que Daibel falleciera, pero ahora es muy frecuente. De pronto, tengo una revelación y entiendo algo complejo que me rondaba la cabeza. A veces me doy cuenta de ello sin más, suele pasar mientras limpio, paseo o estoy tumbada dándole vueltas a la cabeza. Otras veces surge conversando con alguna persona.

En varias ocasiones he utilizado el blog para hablaros de estos descubrimientos, por ejemplo, cuando os conté lo tranquila que me hacía sentir haber rebajado mis expectativas o, este otro post de hace más de dos años, en el que hacía mi primera colocación sobre la culpa. La segunda está aquí.

Ahora apunto los descubrimientos en versión resumida, para que no se me escape ninguno, y la fecha. Voy a rescatar un ejemplo de mi diario que surgió tras charlar con una amiga:

 

4 de septiembre de 2020

El hijo de Ana me parece muy inteligente por sentirse en este mundo loco. 

Llevo meses sintiéndome perdida y sufriendo mucho por ello, sintiéndome mal, culpable…

¿La autocompasión para cuándo?

 

Por hoy, lo dejo aquí. En el próximo post os seguiré hablando de más herramientas de escritura terapéutica que me son de lo más útil.

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Los procesos terapéuticos a través del arte y la creatividad me han acompañado desde que me quedé embarazada de Daibel. Os he hablado bastante de ello en estos años. Unos ejemplos: este post sobre cómo crear mandalas o éste de manualidades para tiempos de crisis.

Hoy quiero contaros el proceso de arteterapia más potente que he realizado. Lo es por dos razones: porque fue tras la pérdida reciente de mi hijo y porque lo he hecho con el acompañamiento de una profesional, Itahisa Mateo, de Proyecto Amarte.

Durante el confinamiento, desde la Asociación Cultural Convive, estrechamente relacionada con el Colegio Siglo XXI de Moratalaz, se nos dio la oportunidad de participar en un taller de arteterapia gratuito. Una amiga me pasó la información y desde el primer momento me atrajo la idea. Dediqué un tiempo a pensar si era algo que me encajaba en ese momento. Estábamos en abril. No paraban de surgir propuestas de entretenimiento, ejercicio, videollamadas… Había mucha sobrecarga ya y yo quería pensármelo bien. Además, ¿estaba dispuesta a atravesar el dolor que seguramente el taller me traería? La respuesta fue claramente un sí. Finalmente decidí apuntarme. Había sólo 20 plazas y me correspondió una. Me hizo tanta ilusión que lo viví como si me hubiesen dado una beca que deseaba mucho. 

 

Cómo fue el taller

En el blog del colegio contamos cómo se desarrolló el taller a grandes rasgos. Duró 5 semanas y, cada una de ellas, Itaisha nos propuso tres tipos de ejercicios: dibujo de formas, elaborar una fase de metarmososis con un elemento de nuestra elección (yo elegí la Luna) y una actividad creativa.

No fui capaz de realizar las propuestas de dibujo de formas. No era mi momento y, a la vez siento que es lo que más necesito. El dibujo de formas me puso de frente mi autoexigencia, mi impaciencia. No me relajaba nada, todo lo contrario, por lo que me provocaba mucho rechazo. Era incapaz de fluir con las formas. Estaba verdaderamente atascada. Deseo poder retomar estos ejercicios, aparentemente sencillos, pero que tanto me removieron.

Las actividades creativas, pensadas para que nos soltásemos y nos dejásemos llevar, me resultaron muy interesantes. De nuevo me las llevé a un terreno más intenso. Desde que Daibel murió conecto mucho con él a través de las cosas que creo y estos ejercicios me llevaron por ese camino. Así que eso de soltarse y divertirse, no fue del todo conmigo. Pero sí hice grandes descubrimientos que, aunque reflexivos e incluso dolorosos, me aportaron mucha claridad. En las próximas semanas, en redes sociales os mostraré alguno de esos trabajos.

 

La metamorfosis

Hoy de lo que quiero hablaros en profundidad es del ejercicio que más disfruté, en el que más empeño puse y el que más aprendizaje me trajo: la metarmosfosis. 

La propuesta era que escogieramos un elemento del cual pudiéramos representar cuatro fases. Podía ser una planta, una mariposa, una libélula, las estaciones… Yo me decidí por la Luna. En un primer momento, cualquiera que me conociera, habría pensado que yo escogería una planta. Fue mi idea inicial. Pero pensándolo un poco, la Luna me atrajo mucho más y me alegro mucho de haberme decidido por ella.

Dejando al menos una semana entre la elaboración de una fase y otra, fui  haciendo mis lunas. Después, escribía las palabras que me habían atravesado la mente mientras creaba. Además, Itahisa me acompañaba en mis reflexiones después de cada fase, ayudándome a poner palabras y sentido a lo que había creado.

 

Luna nueva

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Empecé con la Luna nueva. Me pareció que debía empezar desde la nada, desde el vacío. Conectando con ese inmenso dolor que provocaba que mi hijo no estuviera conmigo. Realicé una composición con cera negra y recortes de papel. Creo que se ve claramente la rabia y la oscuridad que representa. El trazo marcado, caótico y poco definido de la cera no deja lugar a dudas.

Pero hay luz. Hay estrellas amarillas. Y no son pocas. Para mí, representan un nuevo comienzo con oportunidades a transitar. 

 

Luna creciente

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La Luna creciente es un collage que hice sobre cartulina negra. Esto me permitía que las figuras tuvieran formas más definidas, rebajando la angustia que transmitía la primera composición.

Sigue habiendo mucha oscuridad, incertidumbre, a mi parecer, pero también muchas estrellas, esta vez agrupadas. Hay más orden.

 

Luna llena

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La potencia de esta fase es brutal para mí. La Luna llena requería un cambio total de escenario. Le pregunté a Itahisa si estaba bien que cambiara totalmente de técnica y materiales. Ella me preguntó por qué quería hacerlo. Esta fase me pedía un cambio, una apertura, así que ambas pensamos que utilizar otro material era de lo más conveniente

Salió esta joya de la que se ha enamorado cada persona que la ha visto. Se trata de un mantel individual en el que he cosido fieltro y lana cardada haciendo una composición que rompe totalmente con lo creado hasta ese momento.

El mantel era de Daibel. Lo usábamos para dejar encima sus cosas (jeringas, sistemas de alimentación, gasas, sueros…) para que no se ensuciaran las superficies en las que lo depositábamos. Estos manteles están destrozados de todos los lavados que llevan, pero fui incapaz de tirarlos. A la vez, no me gusta quedarme con cosas suyas a las que no les vaya a dar uso. Así que me pareció el lienzo perfecto para esta creación.

Me salió un árbol, que para mí representa la familia, y una casa. Nuestra casa. Desde este momento, la casa como símbolo cobraría gran importancia en todo mi proceso de duelo. Pronto os contaré más sobre esto.

Dentro de que la composición sigue siendo oscura porque es un paisaje nocturno, es la que más luz tiene, ya que la luna está llena, sigue habiendo muchas estrellas y sale luz amarilla del interior de la casa. Este texto que publiqué en el blog hace casi un año explica por qué. 

 

Luna menguante

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Cerré el proceso con la luna menguante. Qué apropiado. Recogerse cuando hay temporal es la mejor de las ideas. Tuve que pasar por todas las fases para darme cuenta de que ésta es la que más me representa ahora.

Vuelve a ser un collage, con una foto nuestra sobre acuarela, una técnica que no domino en absoluto, pero que me pareció idónea para representar la falta de control sobre todas las cosas. 

La foto no es cualquiera, claro. Es de la primera vez que fuimos al mar tras su fallecimiento. Aquel día estaba en todas partes: en cada grano de arena, en cada gota con sal, en nuestros abrazos, en nuestras lágrimas… 

Esa potente luz amarilla es suya. Nos guiará siempre y espero que ese camino lo hagamos siempre los dos juntos. Él nos ha enseñado cuáles son nuestras proridades y, cuando dudo, vuelvo a él y tengo la respuesta. 

 

Más arteterapia

Tras escribir este post me di cuenta de que me sentía estancada. Los ciclos de la luna son eso, ciclos, y como tales, nunca cesan. Siento que me quedé en la Luna menguante. Compartí mi reflexión y el texto con Itahisa. Ella me propuso retomar el trabajo de artetarapia para indagar de dónde viene ese bloqueo y tratar de deshacerlo. En ello estamos.

Yo tengo una idea de por donde vienen los tiros y es por la falta de aceptación de algunas cosas. No de la muerte de mi hijo en sí misma, pero sí de cuál es mi lugar en el mundo sin él. Llevo enfrascada en este tipo de pensamientos desde enero y estoy harta de mi propio discurso. De ello te hablaba hace unas semanas en redes sociales con esta imagen cuya creación fue también acompañada por Itahisa. Os dejo un extracto del texto que publiqué.

 labernto de espino

“(...)En la puerta de mi casa hay un laberinto de espino que no consigo cruzar. Lo intento muchas veces, pero el mundo de ahí fuera me parece de lo más hostil. Y no es solo una cuestión pandémica. Cada vez que salgo, me pego un buen arañazo, me encojo y vuelvo a casa para sentirme protegida.

Lo sigo intentando, porque ¿veis que hay luz? Al otro lado del laberinto hay luz. Y me llama. Cuando me recupero del arañazo, me siento con suficiente energía como para volver a cruzarlo. Me visto, miro si hace buen tiempo, pongo mis condiciones para salir, lo intento de nuevo y me vuelvo a herir. Otra vez para casa.

Ese es el resumen. El mundo va a una velocidad que yo no puedo asumir. No llego a subirme al tren. Necesito más tiempo, pero tengo poca paciencia. (...)

 

Gracias, Itahisa, por apoyarme en este viaje. Como tú bien nos dijiste, este proceso requiere que una profesional lo acompañe. Así que si alguien al otro lado de la pantalla cree que necesita un acompañamiento como éste, que no dude en ponerse en contacto contigo

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Mejorar la alimentación es uno de los propósitos más populares en cada comienzo de año o de temporada. Bueno, a veces el propósito real es bajar de peso y entonces la cosas puede enturbiarse un poco. Y es que bajar de peso y mejorar la alimentación no tienen por qué ir de la mano.

En mi caso, que tengo sobrepeso, mejorar mi alimentación era prioritario y quitarme kilos sería una consecuencia. O, al menos, eso pensaba yo. 

Punto de partida

Desde que me independicé, con 24 años, mejorar mi alimentación siempre estaba entre mis objetivos, pero, sinceramente, no tenía ni idea de cómo hacerlo. Algunas personas de mi entorno iban haciendo dietas que a mí me parecían un horror. Yo no me sentía para nada preparada para hacerlas. Suponían demasiadas restricciones para mí.

Y es que la comida era mi refugio. Ahora lo veo claro. Comía  por ansiedad. Quitarme de golpe una de las pocas cosas que, momentáneamente, rebajaba mis desorbitados niveles de estrés era complicarme aún más la vida. Estoy hablando de cuando aún no era madre, había acabado la carrera, comenzado a trabajar y el mundo se me estaba comiendo por los pies. Ahí empecé a ir a terapia porque mi ansiedad era galopante.

Por aquel entonces lo que pasaba era que comía más o menos bien cuando yo cocinaba, pero, por trabajo y por cómo era nuestro ocio, salía muchísimo a comer fuera de casa y ahí no ponía ningún límite.

Cuando nació Daibel, estuve tres años sin trabajar. Ahí, algo mejoró la cosa, sobre todo porque lo de salir a comer a restaurantes era ya más complicado. Ansiedad seguía habiendo, claro, nunca se ha ido. El verdadero problema es que no tenía ni idea de lo que era una alimentación saludable. Tenía un montón de creencias adquiridas por la educación recibida y el bombardeo de mensajes erróneos. Así que traté de informarme mejor. ¿Qué pasó? Pues que me topé con que en el mundo de la nutrición hay muchísimo contenido divulgativo que se contradice de unos autores a otros.

Estaba yo en esas, intentando aclararme, cuando conseguí trabajo. Daibel tenía tres años. Era septiembre de 2016. Ese año, su epilepsia se volvió loca, no dormíamos y yo tenía que ir a trabajar. La alimentación se nos fue a la mierda. Estábamos absolutamente agotados y nos hicimos unos profesionales de la comida a domicilio.

Cuándo comienza el cambio

Un año después, con la energía que trajo el comienzo del nuevo curso, me volví a proponer cambiar mi alimentación. Justo entonces, Gala Rodríguez, de Soygala.com, tenía un reto en el que cada día del mes nos daba un truco o nos hacía una sugerencia de cambio para mejorar la alimentación. Su contenido me encajaba mucho.

El 8 de septiembre, nada más empezar el curso, Daibel enfermó gravemente e ingresó en la UCI. Desde allí, fui siguiendo las publicaciones de Gala. Se convirtieron en uno de los mejores momentos del día, en el que pensar en mí y no en todo el infierno que estábamos pasando el hospital.

En base a sus recomendaciones, buscaba lugares en el entorno donde poder desayunar saludable (y los había) y, cuando alguien nos ofrecía hacernos algo de comida y me pedían ideas, les proponía opciones más o menos decentes.

En aquellos días, escribí a Gala por primera vez para agradecerle su trabajo y toda la ayuda que me estaba dando gratis.

Daibel salió del hospital para permanecer hospitalizado en el domicilio, atendido por la unidad de Cuidados Paliativos. Un mes después yo volvería al trabajo, pero con la seguridad de que las cosas no podían ser como el año anterior.

El cambio de chip fue brutal y, ya me lo habéis leído un montón de veces, fue gracias a la unidad de Cuidados Paliativos. Gracias a que ellos nos atendían en el domicilio y que dejamos de llevar a Daibel al centro de Atención Temprana, nuestra vida se ordenó muchísimo a todos los niveles.

Gracias a ese orden, a no tener que ir corriendo a todas partes, a estar cuidados… mi ansiedad se redujo muchísimo y empecé a sentirme preparada para hacer cambios de verdad en mi alimentación.

Gala ofreció una charla gratuíta que me llegó en el mejor momento posible. Lo que había contado me parecía que encajaba perfectamente conmigo y me encontraba con la energía adecuada como para cambiar mi alimentación de una vez por todas. Y así fue. 

¿Por qué me encajaba tanto su propuesta? Porque no dejaba de lado las implicaciones emocionales de la alimentación. Gala no se va a limitar nunca a darte un menú y decirte esto es lo que hay. Gala ofrece explicaciones a los procesos y propuestas de cambio. No te persigue con una báscula ni te señala qué has hecho mal. Te ayuda a buscar la raíz del error y te insta a que te perdones.

El programa de menús saludables

De repente, cuando ya me sentía con la energías y conocimientos suficientes para emprender el cambio, recibí un regalo. ¡Qué regalo! Me regalaron el programa más top que Gala ofrecía en ese momento: ‘Menús saludables para 30 días’. ¡Menuda oportunidad! ¡Y en el mejor momento!

En ese programa, Gala ofrece un acompañamiento grupal en el que propone un menú saludable durante un mes y da pautas para integrarlo lo mejor posible. De entrada, te dice que si tu alimentación actual dista mucho de la propuesta, no es necesario que lo cambies todo de golpe y te sugiere empezar por los desayunos. Jamás vi a ningún nutricionista diciendo algo así. 

Gala explica por qué el menú es así: sin cereales, sin legumbre, sin mamíferos, sin lacteos, sin azúcar… Pero, como te decía, no te persigue para que cumplas esto. Ella te da la herramienta, pero la responsabilidad es tuya.

Efectivamente, para mí era demasiado cambio de golpe y me agarré a su propuesta de empezar por los desayunos. ¡Menudo cambio! ¡Qué delicia! Me encantan los desayunos que hago desde entonces.

Un desayuno tipo podría ser éste: huevos revueltos, medio aguacate aliñado con sal y limón, medio mango y una infusión (sin endulzar). ¡No me digas que no te apetece!

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Mis desayunos no distaban muchísimo de la propuesta. Ya estaban integrados los huevos y las infusiones, aunque con azúcar. Pensé que me costaría quitarla, pero para nada. El primer día noté que era absolutamente prescindible. Tenía que retirar el pan e introducir el aguacate y la fruta. El aguacate entró con mucha facilidad porque me encanta. Desde hace tiempo, la fruta, en forma de zumo, iba y venía. Pero el zumo no es fruta. Era lo que más me costaba introducir. En las primeras semanas la estrategia que adopté fue consumirla en batidos con leche de coco. Estaban riquísmos. Pronto llegó el verano y, con él, mis frutas favoritas, así que terminé por integrar el hábito  y ahora me parece imposible desayunar sin fruta.

Para las comidas y las cenas fui probando algunas de sus propuestas y hay recetas que se han quedado con nosotros para siempre. En realidad, lo que aprendí respecto a estas comidas es que a mi alimentación le sobraban hidratos de carbono.

Así que, muy poco a poco, desde hace dos años, he ido retirando, sobre todo, cereales de mi alimentacón y probando un montón de recetas de verduras y hortalizas para sustituirlos. Ahora, tengo un recetario propio amplísimo, comemos muy variado y cosas que nos gustan. Eso era importantísimo. Lo de las verduras hervidas y los filetes a la plancha no entraba en nuestros planes.

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Además, me organizo mucho mejor en la cocina y todas las semanas hago una sesión de preparación de comidas para varios días. Me encanta hacerlo y me resulta de lo más útil.

El club

Nada más acabar el programa de menús supe que no sería la última vez que trabajaría con Gala. Había cosas que contaba por encima en sus redes sociales que me interesaban muchísimo y en las que quería profundizar. Me puse a ahorrar porque quería pertenecer a ‘El club’, otro programa de acompañamiento grupal en el que cada mes se trabaja un aspecto que tiene que ver con la salud (no sólo la alimentación). Todos los meses cuentas con un taller temático, acompañamiento en grupo de Telegram y lo que ella llama sesión de acción. Una reunión entre las participantes para que nos pongamos manos a la obra ordenando la cocina, elaborando un menú o realizando una sesión de preparación de comidas, por ejemplo. 

Además, entres cuando entres, encuentras un repositorio con todos los talleres de meses anteriores, que son una joya, y un montón de extras e imprimibles.

Yo compré una suscripción trimestral por mi cumpleaños el diciembre pasado. Lo que significó que Daibel murió en medio de mi formación. Cabría pensar que lo mandé todo a la mierda y desaproveché mi estancia en ‘El club’, pero no. Cuando Daibel falleció me agarré al autocuidado como forma de mejorar mi bienestar. Así que los contenidos teóricos que ya había consumido o me quedaban por consumir en ‘El Club’ me vinieron de maravilla.

Además, en definitiva, en ese momento disponía de más tiempo y de una rutina menos compleja que me permitía aplicar los conocimientos adquiridos sobre alimentación, descanso, ejercicio físico, autoconcimiento… A eso me he dedicado estos meses y es lo que os estoy contando en mis redes y en el blog en el mes de los autocuidados.

En la web de Gala encuentras este testimonio mío.

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Resultados y ego

Sigo comiendo cereales, legumbres, mamíferos, lacteos y, muy esporádicamente, cae algo de azúcar. Pero las cantidades no tienen nada que ver con lo de antes. Esos alimentos han sido sustituidos, sobre todo, por más verdura y estoy encantada.

En cuanto comencé a hacer cambios, y aunque yo siempre decía que el objetivo era mejorar la salud, quise ver resultados en la báscula. Pero no. Al principio me frustré un poco. Había hecho ya muchos cambios, pero no se reflejaban en el peso y no terminaba de entenderlo. No le di muchas vueltas, me bajé de la báscula y ya está. No la hice caso en meses.

De pronto, un día, después de casi un año introduciendo cambios, me pesé y había 3 kilos menos. En el último año he bajado 7. Intento no pesarme mucho, la verdad. Porque la cifra alimenta el ego si es baja y la frustración si ha subido. Lo que intento es ser muy consciente de cómo me siento que, en definitiva, es más ágil, menos hinchada. Cuando cometo un exceso, me observo y detecto digestiones pesadas y malestar. Esa información es mucho más útil para construir rutinas que la cifra que te devuelve la báscula. 

Si algo de lo que has leído aquí te encaja, te invito a que sigas las propuestas de Gala. En redes sociales, su newsletter y su podcast comprate un montón de información gratuita de gran valor.

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